25 agosto, 2006

Fotos Podocarpus No.1

Aquí estamos en el mirador luego de clavar todos los avisos, a mi izquierda está Novita y a su izquierda Don Washo. El de rojo es el Gato y el del gorro blanco es Lobo.

Una foto en el bosque húmedo.

Aquí están: con el pasamontañas Novita, con la gorra Pablo, y atrás Jaime.

Aquí estamos el primer día: De amarillo Carito, de pasamontañas Novita, sin gorro Jaime y de trás Pablo.
Aquí está Jaime pintando los avisos, tenía un dedo golpeado y por eso no podía trabajar.

Fotos Podocarpus No.2

El paisaje, cuando la niebla se escondió.

Aquí posando en la cima... donde me gusta estar.


En ésta foto se puede ver la inmensidad de la montaña que habíamos subido. Arriba está la niebla y en el medio tres personas de amarillo, azul y rojo, que me recuerdan que las banderas de Ecuador y Colombia son iguales.


Este es uno de los paisajes del recorrido el último día.

Este es el final, cuando caminé los 8 kilómetros de regreso y terminé feliz, sentado al borde de la carretera esperando un bus que me llevara a Vilcabamba, o Vilcatrampa como le dicen algunos.

19 agosto, 2006

Despedida, ceniza y un poco más de ceniza.

Desperté la mañana del jueves y empaqué mi maleta cuidando de dejar por fuera una carta de despedida para mi amigo Koji y un leve malestar por la separación luego de 45 días en que estuvimos juntos compartiendo trabajo, historias de miedo, aviones de papel y huevos de mariposa.

En la carta le decía que me sentía muy afortunado por haber contado con un maestro de tanta experiencia en el arte de viajar. En los días que compartimos, Koji se encargó de prepararme para el camino.

Koji me enseñó a capturar un poco de la belleza del mundo, a dominar el miedo de montarme en un bus sin destino, a ubicar lugares plagados de sonrisas, a descubrir gente interesante, a elegir el mejor lugar para dormir y a no esperar nada de ningún lugar.

Abandoné a mi amigo y me subí en el bus cargando en mi morral la esperanza de volverlo a ver muy pronto. Antes de salir del pueblo la pareja de alemanes se subió y me contó de la explosión del volcán, una situación que cambiaba mis planes por completo.

Yo iba a Riobamba para hacer un tour en un tren que pasaba por la Nariz del Diablo, un lugar con precipicios del que mucha gente me había hablado. Sin embargo ahora mis planes cambiaban ante la imposibilidad de llegar pues la lava había destruido la carretera que comunicaba al oriente con el centro del país.
Tenía que ir hasta Quito y de allí tomar otro bus de regreso.
Podría ser mala suerte tener que hacer un viaje tan largo para llegar a mi destino, pero en realidad era una gran suerte ya no estar en Baños de Agua Santa pues allí la gente había quedado atrapada entre la ceniza y sus montañas.

Decidí ir hasta Quito hacia donde también se dirigían Nadine y Michael. Antes de llegar al Terminal encendí mi radio portátil y escuché las noticias, pero la situación era más grave de lo que pensaba, Riobamba también estaba cubierto por las cenizas a causa de la explosión del volcán Tungurahua, una emisión que era 10 veces más fuerte de la registrada hacía 3 semanas.

Desde 1.918 la montaña no se había enfurecido tanto.

Decidí quedarme en Quito esa noche. En el Terminal tomamos un taxi compartido y cuando llegamos al hostal nos informaron que sólo había una habitación con 4 camas. Si deseábamos quedarnos tendríamos que dormir bajo el mismo techo.
De inmediato le dije a la pareja de alemanes que aceptaran la habitación y que yo buscaría otro lugar, a lo que ellos respondieron que no veían problema en que nos quedáramos juntos. Me sorprendí porque en realidad no nos conocíamos mucho, y también, porque luego de organizarnos me invitaron a comer. Allí tuvimos más tiempo para conversar. Me enteré que yo era 3 años mayor que ellos, que no les gustaba el estilo de vida cerrado y conformista de Alemania, y que habían aprendido a valorar lo que tenían mientras veían la pobreza de algunos lugares de Suramérica. Eran grandes personas.

A la mañana siguiente me despedí, pero antes de salir quisieron que anotara sus correos para que pudiera contarles como me iba en el camino.
Llegué al Terminal donde tomé un bus a Riobamba, no sin preguntar si la situación era normal, pero la respuesta fue siempre positiva, aparentemente las vías ya estaban abiertas.

Después de casi dos horas de camino el paisaje cambió. Los hermosos tonos verdes y la variedad de plantas de la que tanto había hablado en el blog estaba ahora sepultados bajo capas de ceniza. Todo era gris, todo era triste.
Para cuando llegué a Riobamba ya no se trataba de capas de ceniza, ahora eran montañas.

La gente había armado barricadas de palos y piedras para no permitir que los vehículos pasaran por las calles levantando la ceniza que enrojecería los ojos de sus hijos y contaminaría sus hogares. En una ocasión estuvieron a punto de lanzarle piedras al bus que trataba de evadir sus primitivos controles y el conductor tuvo que bajar a mediar para poder continuar intactos. Finalmente el bus ya no anduvo más y nos tocó bajarnos para caminar hacia el Terminal.

Unos minutos después de bajar una niña pasó vendiendo tapabocas, compré uno por 25 centavos y seguí caminando. Mientras avanzaba, cientos de personas en las aceras trataban casi infructuosamente de barrer, levantaban nubes que alimentaban la oscuridad del cielo y cuando aún me faltaban unas cuadras para llegar, encontré un oasis en el desierto: Un local abierto y empolvado de Yogurt Persa. (Una tienda de pan de yucas y yogurt que frecuentábamos en Guayaquil).
Cuando entré la mujer que atendía me sonrío y me dijo que se acordaba de mí, que yo siempre iba a Guayaquil y pedía yogurt sin azúcar. Otra vez el universo me recordaba que le gusta dar vueltas. En medio de esa confusión había alguien que me conocía.

Almorcé y luego esperé tres horas para abandonar Riobamba con dirección a Cuenca. Cualquier cosa era mejor que permanecer en el desastre sin poder hacer nada para remediarlo. Ojala que un día todo lo que está hoy cubierto por cenizas vuelva a brillar así como brillaban las caras de los niños refugiados del volcán el día que hicimos pingüinos de plastilina.

Hoy estoy en Cuenca, pero eso ya hará parte de otra historia.

Paisaje de Ceniza



Montañas de Ceniza

Pequeña barricada.

Camino al Terminal.

Fotos de Ceniza

Bon Ice de Ceniza


Nubes Grises

Un poco más de ceniza...

Jumanji

El día que abandonábamos Baños de Agua Santa, justo antes de salir del hotel, el dueño nos preguntó hacia donde íbamos y le contamos que íbamos a Puyo. Hizo mala cara y mientras sacaba un álbum de fotos dijo que Puyo no era bonito, que deberíamos ir a un pueblo que quedaba un poco mas lejos, se llamaba Misahuallí. Nos mostró algunas imágenes y sin pensarlo demasiado nos encaminamos hacia éste pueblo situado en la boca de la selva oriental ecuatoriana, justo antes de la selva amazónica.

Recorrimos 2 horas en carretera de asfalto y otras 2 en una carretera pavimentada con tierra, colores y piedras.
En el camino subió al bus una pareja de turistas alemanes, yo los vi y ellos me vieron, pero en ese momento sentí pena de saludar. Luego el tiempo se encargaría de recordarme que siempre hay que ser amable con toda la gente, porque a veces conocemos personas que creemos, no tienen nada en común con nosotros, y aunque juramos que no hacen parte de nuestro planeta, luego aparecen para recordarnos que hacemos parte de la unidad, de un equilibrio en el que todos nos servimos de todos. Ahí estaban ellos sentados y yo mudo, pero en unas cuantas horas me acompañarían en un tour por la selva, y en unos cuantos días me tenderían su mano en una de esas extrañas vueltas con que Dios condimenta nuestra vida.

Al fin, llegamos a Misahuallí.

Encontramos un buen hotel y luego de instalarme salí por una de las 4 cuadras que componen el pueblo y fue entonces cuando me alegré profundamente por la decisión de ir a ese lugar, había monitos regados por todo el parque central. Tomando Coca-Cola, robando frutas, jugando en las bancas, burlándose de la vida.

Aunque me gusta visitar los zoológicos para conocer animales, creo que prefiero verlos así, cuando en sus ojos no están reflejados los barrotes. La gente del lugar parece vivir un infierno evitando por todos los medios que estos lejanos antepasados hurten lo poco que tienen, pero es divertido ver como pelean las personas con los monos y como juegan los monos con los perros.

Ese día, antes de caer la noche, buscamos un tour por la selva.
Necesitábamos al menos de otras 2 personas para obtener un buen precio y fue entonces cuando apareció la pareja de alemanes y se unió al tour. Unos minutos después una pareja de holandeses llegó para completar un grupo de 6 personas y con ello obtuvimos un buen precio para un recorrido en lancha por el río Napo, una caminata de 5 horas en la selva y una entrada al albergue de protección de animales.

El viaje se organizó para el día siguiente y nos citamos antes de las 8 am para alcanzar a cumplir con el itinerario. Partimos muy temprano no sin antes calzarnos unas botas de caucho incluidas en el tour. El fuerte olor que quedaría en nuestros pies al finalizar el día era completamente gratis.

En el camino cayó una fuerte lluvia que el guía solucionó cortando grandes hojas de plátano que nos servían de sombrillas, luego el clima estuvo a nuestro favor y nos permitió hacer una caminata tranquila fotografiando mariposas, flores y árboles centenarios, siempre con el pesar de no poder capturar el olor de la selva virgen, el canto de las alas de las aves, el arrullo de las gotas de lluvia y la danza de las hormigas Conga.
Antes de regresar hicimos una parada donde se albergan animales que captura la policía en el tráfico de animales. En éste seudo-zoológico conviven voluntarios extranjeros dedicados a la curación, alimentación y cuidado de los animales, es tan agradable el ambiente que se vive, que por varios momentos desee quedarme allí para ayudarles.
Mientras más avanza el viaje me hago más consciente de lo mal que tratamos a nuestro mundo, y la gran abundancia que el se empeña en ofrecernos.

Llegamos nuevamente a Misahullí al caer la tarde, compartimos una comida entre nuevos amigos y luego nos despedimos aparentemente para siempre.

En la madrugada erupcionó el volcán Tungurahua para cambiar mi ruta y la vida de miles de personas en las inmediaciones de Baños de Agua Santa, el lugar donde habíamos estado dos días antes, y Riobamba, el lugar al que iría la mañana siguiente.


Jumanji

Un monito del albergue de animales.


Un monito tomando Coca-Cola. Es un poco triste, pero también un poco divertido.

Aquí sentados en la banca... ¿Y cuál es el mono?

Fotos de la Selva en Misahuallí

Junto con el desayuno también te sirven un rociador de agua para que espantes a los monitos que llegan a robarte.



Paisaje en la Selva...


Atardecer al finalizar el tour.

Aquí está el grupo expedicionario.

14 agosto, 2006

Un Baño Santo después de Guayaquil

Dejamos Guayaquil y tomamos rumbo a un pueblo que se llama Baños de Agua Santa, creo que el nombre se lo dieron porque son populares sus baños, pero tengo que decir que Baños es mucho más que aguas termales.

El camino es emocionante. Por la ventana ves como la vegetación se comienza a mezclar en las montañas y miles de tonos verdes de distintas texturas se amontonan formando grandes pasteles demasiado decorados como los que ves en cualquier vitrina de panadería ecuatoriana.

Si te sientas en la parte de adelante del bus puedes sentir la mano de una mujer indígena que se agarra de tu pierna para no caerse mientras al mismo tiempo cabecea quedándose dormida. A tu lado por un corredor en el que se rompen todas las leyes físicas del espacio ves desfilar pollos en costales, CDs, maní, agua, empanadas, pinchos, arroz chino y jugos en bolsa. Pero no te puedes distraer con lo que hay adentro, porque si te descuidas puedes perderte los mercados con cientos de frutas de colores que te sonríen para recordarte que hay una gran abundancia en la aparente pobreza de Suramérica.

Después de 7 horas de recorrido y media hora en que esperamos que el conductor almorzara en un pueblo olvidado, llegamos a Baños en una noche que sirvió de papel regalo para el obsequio que recibiríamos a la mañana siguiente.

Me levanté y apenas salí de la habitación me encontré rodeado de inmensas montañas con las que sentí estar en el cráter de un volcán, murallas que hacen imposible la huída.

Pasamos 5 días en éste paraíso que te asusta porque te roba las ganas de viajar. Para la muestra están varios extranjeros que llevan años viviendo allí, montando restaurantes y hostales excelentes como en los que dormimos y comimos, tal vez los mejores en los que he estado desde que salí.

Hemos salido a caminar sin rumbo, hemos subido a buses sin destino y hemos aprendido nuevas lenguas. En los recorridos hicimos pingüinos de plastilina con 6 niños refugiados del volcán Tungurahua, aprendimos a decir algunas palabras en Kichua (el dialecto de los indígenas ecuatorianos de la sierra), volamos sobre cascadas en carritos de metal, fotografiamos flores y mariposas, descubrimos el lugar donde nace el arco iris, cantamos canciones japonesas y tomamos un buen baño termal.

Mañana nos vamos para Puyo, en el oriente donde comienza la selva, allí estaremos 2 días y regresaremos para finalmente separarnos. Koji va para Quito (hacia el norte) y yo iré para Riobamba (hacia el sur).

Me voy pero algún día tendré que regresar a éste paraíso que algún día estuvo perdido para fortuna de nuestros antepasados, pero que ahora está expuesto para fortuna mía y de todos los turistas que visitan Baños de Agua Santa.

Ahora los dejo entonces con las fotos.


Bienvenidos a Baños...


Cenizas del volcán Tungurahua (el volcán casi siempre está cubierto de nubes pero la mancha gris que se ve, son cenizas del volcán).


Amanecer en Baños de Agua Santa el primer día.

Atardecer en Baños.

Restaurante Casa Hood. Propiedad de un extranjero de nombre Ray Hood (uno de los que no pudo salir de aquí desde 1993), éste restaurante es un lugar acojedor donde puedes ver peliculas, leer y cambiar libros, tomar un delicioso té de gengibre y comer alimentos bien servidos y preparados a un muy buen precio.

Fotos Baños No. 2

El nuevo logo del Tour de la Langosta. Devorando Caminos. Esta es una de las camisetas.

Aquí con unos niños que encontramos en el camino y que nos llevaron a conocer un río. Es increíble lo educados que son los niños de la sierra.

Estos son 4 de los 6 niños refugiados del volcán que aún están en Baños. Con ellos también hicimos el pingüino de plastilina.

Aquí, el arco iris que apareció un día en que creímos estar perdidos.

Fotos Baños No. 3

Cascada Inés María, desde muy arriba. Alrededor de Baños hay ríos y cañones a cada kilómetro. Ecuador ha sido una gran sorpresa.

En la Cascada Inés María.

En un columpio que encontramos mientras caminábamos por el bosque.

Sentado a la orilla de la carretera.

Cascada El Velo de la Novia. A la derecha de la foto se alcanza a ver un pequeño carro rojo de metal que usamos para pasar al otro lado.

Fotos Baños No. 4

La Cascada del Pailón del Diablo vista desde arriba...

En el puente frente a la Cascada del Pailón del Diablo.

Natsu

Unos días antes de abandonar Guayaquil encontramos a una linda japonesa en nuestro mismo hotel. Se llamaba Natsu.
Natsu es una mujer menudita y valiente, tiene mi edad y hace 2 semanas salió de su país dejándolo todo para conocer Suramérica. Digo que es valiente porque no sabe hablar español y en Guayaquil nadie se toma el tiempo de esperar a que ella entienda algo, todos la gritan y dan por hecho que ella comprende, Natsu sólo sonríe y hace la venia propia de su cultura.

Hace más de 6 días fuimos con Koji a dejarla en el Terminal de Guayaquil camino a Puerto López para ir a conocer las ballenas, así pequeña como es, se veía muy sola.

Cuando estaba a punto de subir al bus, se detuvo y se demoró buscando algo mientras el acompañante del conductor la llamaba en español costeño y confuso para que se apresurara, el bus ya iba a partir. Koji y yo tratábamos de apurarla pero ella insistía en que debía encontrar algo que había perdido. Al fin sacó un par de postales que nos entregó a cada uno en agradecimiento por nuestra compañía, pero en realidad, creo que nosotros estábamos más agradecidos por haberla encontrado.

Ahora sólo espero que no le pase nada y que algún día la pueda volver a ver.

En este viaje hay una constante, es una sensación agridulce que te deja el conocer personas muy especiales para luego recordar que de pronto no las volverás a ver.

Algún día espero volver a encontrar a:
- Peggy, Guillermo y Alfredo (Directores de las escuelas de la Fundación Sai Baba).
- Marcela (Una colombiana organizadora de la feria del libro y que nos ayudó muchísimo).
- Wilson (Un empleado de Nature’s Sunshine en Guayaquil que nos sirvió de principio a fin).
- Ayelen, una niña de Guayaquil que conocimos en la feria y que nos puso en contacto con la feria de comic a la que asistimos después.
- Todos los niños que hicieron pingüinos de plastilina.

Y estos son sólo algunos, los que recuerdo en éste instante, seres que tocan tu vida para volverla más hermosa.

11 agosto, 2006

¡Cupido es un Murciélago!

Antes de salir de Colombia mi amigo Gustavo me regaló su guía de Suramérica Lonely Planet que usé hasta que días atrás encontré la versión actualizada. La guía de Suramérica es un libro grande y gordo, por lo que no puedo darme el lujo de cargar dos ejemplares en mi maleta así que tomé la decisión de buscar a alguien que me la cambiara por un libro de mi agrado que fuera más liviano.

Salí del hotel y comencé a caminar preguntando en cada esquina por algún local donde cambiaran libros usados. Después de mucho andar al fin hallé un sitio donde un anciano me ofreció escoger entre algunos libros en inglés que guardaba llenos de polvo en un desván. Mientras elegía el libro que quería, afuera escuchaba que hacían algunos comentarios acerca de mi nacionalidad, y cuando salí, el viejo cambió las condiciones del trato y me pidió un dólar como tarifa por hacer el cambio.
Me negué a pagar y tomé mi Guía un poco molesto.
Seguí caminando mientras trataba de calmarme construyendo un pensamiento: El libro que llevaba en mis manos tal vez tenía un destino diferente al que yo pensaba darle y alguien estaba esperando por la Guía de Suramérica en algún lugar de Guayaquil.

Seguí caminando y por variar, me extravié en medio de tanta gente, comida callejera, ruido y folclor, lo cierto es que terminé metido en un mercado de variedades donde una mujer tenía una caja plástica con unos cuantos libros adentro. Le ofrecí mi ejemplar de Lonely Planet y ella amablemente me dijo que no creía que la Guía le sirviera, pero que ella me hacía el favor de cambiarla. Yo sólo tendría que escoger entre los libros que había en la canasta.
Me asomé y la primera sorpresa fue encontrar “Cupido es un Murciélago”, un libro para niños que había visto en la Feria del Libro y que no pude comprar por su alto precio.

La segunda sorpresa fue abrir el libro y encontrar mi nombre escrito en esfero en la primera página.

No se cuántos niños que se llaman Andrés pueden leer en Guayaquil un libro que se llama “Cupido es un Murciélago”, tampoco sé cuantas reventas de libros puedan tener un ejemplar de Alfaguara casi nuevo, mucho menos voy a saber si cupido es un murciélago. Sé que ese libro llevaba mi nombre y que estaba esperando por mí.

¿Será que es una estupidez enfadarse cuando las cosas salen aparentemente mal?

¿Será que todo en la vida es tan sencillo como sentarse a esperar todas esas cosas que están esperando por nosotros?

¿Será que todo lo que recibimos en la vida lleva nuestro nombre?

¿Será que cupido es un murciélago?


Feria del Comic, ¡¡¡Exito Total!!

Para los que no estaban enterados, regresamos a Guayaquil para asistir a una feria de comic en la que haríamos los nombres en Japonés y venderíamos el exitoso libro de mi hermana. El resultado: ¡¡¡Nuevamente se agotaron los libros y conocí a Mazinger Z!!!.

Aquí con Hulk, Ayelen y una niña fanática del Anime. (Gracias a Ayelen, la del medio, nos contactaron para ésta feria. Por si las dudas, las 2 niñas están vestidas con disfraces.

Este era el stand de la feria y allí está Koji en el fondo.

La Fotos Pendientes

Aquí estoy en un Bici Taxi con Koji, el señor estaba super cansado llevándonos con las maletas.

Aquí no hay explicación... sólo nos queríamos reír un rato... pero no hicimos "Oshiko" como se dice en Japonés.

Aquí con la Selección Ecuatoriana de Fútbol, la que fué al mundial de Alemania.

Aquí en las aguas de azufre llenos de barro...

04 agosto, 2006

Información Importante

Ahora que estoy de nuevo haciendo negocios y untándome de dinero, aprovecho para contarles un poco de lo barato que puede ser viajar por Suramérica.

Quiero colocar un ejemplo de los precios que se pagan comúnmente en bienes que consumimos a diario:

Hotel: En éste momento estamos alojados en un hotel que se llama Niucanche. Es un hotel grande, limpio y seguro. Una habitación sencilla sin baño cuesta 4 dólares. Con baño vale 7 dólares. El baño es prescindible. Según Koji, es mejor pagar un poco mas a la hora de comer y ahorrar en una “comodidad” como lo es el baño en la habitación.

Transporte: Un pasaje entre Quito y Guayaquil, que es un viaje de mas o menos 7 horas, vale 10 dólares en un bus muy cómodo con aire acondicionado, pero se pueden tomar también buses que valen entre 6 y 7 dólares.
Un pasaje en bus urbano vale 25 centavos.

Comidas: Se pueden conseguir muy buenos desayunos y almuerzos por 1.50 dólares. A la hora de la “merienda” como le dicen aquí a la cena, con frecuencia acompaño a Koji a una Chifa (Restaurante de comida china) y allí puedo comer un buen plato de tallarines y camarones por 2 dólares.

Con estos datos podría decirse que diariamente uno puede gastarse alrededor de 10 dólares en manutención y a eso habría que agregarle el transporte y los pequeños placeres que nunca pueden faltar como por ejemplo tomarse un yogourth gourmet con pandeyucas, helados marca Pingüino, jugos naturales de fruta o un paquete de gomitas.

Si uno programa unas vacaciones de 30 días por Ecuador estaríamos hablando de 300 dólares, es decir unos $$690.000 pesos colombianos para manutención. En transporte necesitaría máximo 150 dólares, es decir $345.000 pesos colombianos. Y digamos que para los pequeños placeres y tours necesite unos 200 dólares, es decir alrededor de $460.000. Todo esto suma un total de 650 dólares que es lo mismo que $1.495.000 pesos colombianos.

No se muy bien, pero creo que eso vale un viaje para 2 personas 4 noches y 5 días en San Andrés.

San Andrés es muy bonito pero creo que no se podría comparar con 30 días en Ecuador… ahí les dejo el dato. Apenas pueda les prometo que publico las fotos.

Un abrazo bien fuerte.

Después de las ballenas...

Después de haber visto las ballenas en Puerto López visitamos la reserva natural Machalilla, un lindo parque lleno de pájaros de muchos colores, ardillas, iguanas y una que otra vaca. Allí fuimos con Koji y nos bañamos en aguas de azufre, nos cubrimos de barro y comimos galletas. Al día siguiente con gran pesar abandonamos éste pueblo abundante en espíritu y gente amable.

Nos fuimos a terminar la ruta del sol a una ciudad que se llama Manta. Sólo pasamos la noche en ese lugar y salimos al día siguiente. En realidad era una ciudad muy grande y luego de salir de un pequeño pueblo con tan buena energía como Puerto López, llegas a la urbe y sientes que los edificios y las calles te atropellan.

La mañana que abrí mis ojos en Manta Koji había salido temprano y alguien golpeó muy fuerte en mi puerta como si quisieran tumbarla. Yo me asusté porque sabía que mi amigo no llamaría así, entonces hice como en el chiste del niño que engrosa la voz y pregunta “¿quen toca a peta?”, y pregunté muy fuerte – ¿Quien es? – varias veces, hasta que respondieron - ¡Policía de Inmigración! – Y entonces tuve tiempo de sacarme un poco el susto mientras también buscaba mi pasaporte y abrí la puerta temblando… sólo se trataba de una registro de control, pero me alcancé a preocupar un poco.

Luego de Manta fuimos a otra pequeña ciudad un poco más acogedora que se llama Bahía de Caráquez. Esta ciudad ya no hace parte de la Ruta del Sol pero quisimos ir hasta allí porque las imágenes de los folletos de turismo se veían muy atractivas.
Cuando llegamos al Terminal tomamos un taxi-bicicleta que nos llevó con mucho esfuerzo por la orilla de un malecón medio destruido que hacía las veces de frontera para dividir una gran masa de agua dulce y salada con color a barro, de 2 pedazos de tierra uno en frente del otro. Esa era Bahía de Caráquez, un sitio que promete más en fotos.

Llegamos a un hotel que nos recomendaron en el Terminal y desde afuera se veía que era una casa muy vieja y pobre. Delegué en Koji la responsabilidad de subir a conocer la habitación y cuando bajó me dijo – 2 dólares la noche y sería una buena experiencia -. Crucé la puerta y entendí por qué mi amigo decía que era una buena experiencia. Después de que te alojas en un lugar como ese, puedes quedarte en cualquier otro lugar y te parecerá un palacio. Acepté el reto y pasamos allí 3 noches seguidas librando una batalla a muerte con los mosquitos, usando el baño a ciegas y riendo un poco de lo sencilla que puede ser la vida.

No se muy bien por qué decidimos quedarnos tantos días en esa ciudad. Tal vez porque encontramos otra escuela de la Fundación de Sai Baba, o porque estábamos seguros de que sería el último destino antes de regresar a Guayaquil. El caso es que pasamos allí 4 días y logramos entretenernos viajando en la “Gabarra” (una especie de ferri que usan para pasar de un lado al otro), leyendo y comiendo en un restaurante colombiano, jugando fútbol con otros niños en la playa, y olvidando un poco en una ciudad que parece olvidada.

El día que partí, debo confesar que deseaba llegar a Guayaquil, creo que mi amigo Henry Toquica tenía razón… se aprende a querer ésta ciudad. Extrañaba sus calles atestadas en el día y fantasmales en las noches. Extrañaba éste sentimentalismo que se te mete en los huesos y te hace temblar y escribir blogs como éste.

Volví a Guayaquil porque aquí me encontraría con mi papá y porque trabajaríamos en una feria de comic japonés por 5 días, donde venderíamos el inventario de saldo luego de la feria del libro. Llevamos 3 días y creo que lo lograremos sin mucho esfuerzo.

Y mientras escribo en un café Internet de la calle 9 de Octubre, es muy chistoso, porque tengo al lado una niña de 4 años que se está entreteniendo mientras hala la incipiente barba que me ha comenzado a salir luego de 20 días de no afeitarme. Creo que al igual que yo, ella también piensa que son de mentiras esos pelos que me han salido en la cara.

No se por qué no puedo subir las fotos... se las quedo debiendo...

01 agosto, 2006

Gracias a los que leen éste espacio...

Hoy llegué a Guayaquil y ya hay nuevas historias que contar... pero antes de eso quiero darle las gracias a todas las personas que me han seguido leyendo y escribiendo al blog...

Estando lejos para mi no hay nada que se compare con sentarme en una sala de Internet de cualquier lugar y saber que a alguien me ha dejado algún mensaje.

Ya extraño algunas cosas y algunas personas, pero debo confesar que aún no quiero regresar.

Los quiero mucho.

Desde Guayaquil, la ciudad que no me suelta... me despido y les mando un fuerte abrazo.