



El zoológico de Quito tiene más animales de piedra que reales, sin embargo pude hacer algunos amigos que coloqué en las fotos. (Para los que estaban interesados en el casting de niñas les recomiendo la niña morenita que está posando con una sonrisa tierna, por cierto, es vegetariana).
Llegar al zoológico no es tan fácil como en otras ciudades. Se debe tomar un bus que prácticamente toma la ruta de regreso hacia Tulcan y toparse nuevamente con montañas y abismos. Después se debe pagar a un servicio de camionetas para que te lleven hasta las puertas del Zoo.
Como lo dije arriba, me desilusionó un poco no encontrar muchos animales, aunque no puedo negar que me emocionó ver a la tortuga de las islas galápagos y a un jaguar que se acercaba muchísimo a la maya y rugía como si quisiera lucirse frente a la cámara, de resto creo que aunque las instalaciones son buenas no se puede encontrar gran variedad de animales.
La salida fué mas emocionante. Después de llegar a la carretera principal de Guayabamba (Pueblo donde está el Zoológico), vi el bus que creí que debía tomar y me subí sin leer lo que decía en la parte de adelante. El bus comenzó a andar y noté que tomaba un rumbo distinto al que esperaba, pensé que se alejaba de Quito, entonces pregunté muy asustado al asistente del conductor cual era la siguiente parada a lo me contestó que era en el peaje. El bus anduvo mas o menos 20 minutos más y yo estaba angustiado de ver como me alejaba de mi destino.
Cuando llegamos al peaje me bajé corriendo y atravesé la carretera que parecía estar en medio de la nada, entonces pregunté a alguien qué bus podía tomar para regresar a Quito.
Me respondieron que podía tomar un bus que iba en el mismo sentido del bus del me había bajado. En realidad, sí iba en sentido correcto.
Subí a otro bus que me llevó a mi destino y mientras andaba, me pregunté cúantas veces uno cree que por sentirse perdido, cree también que está andando en sentido contrario a su objetivo. Tal vez no esté mal sentirse perdido, lo que está mal es bajarse del bus creyendo que no se está avanzando.