11 septiembre, 2006

Mas fotos del sueño hecho realidad.

¡¡Definitivamente ésto es lo único que me gusta fumar!!



Este muñequito de nieve lo hicimos con un amigo peruanito...

Porque los sueños sí se hacen realidad.

Antes de dejar Huaraz tenía que llegar a la nieve.
Contraté un tour que me llevó al Nevado Pasto Ruri y subí a más de 5.000 metros de altura. Como quitarle un dulce a un niño luego de haber hecho la travesía de Santa Cruz.

Entonces recordé la vieja y triste historia del Cotopaxi en Ecuador. Y también recordé:

¡Es que mi papá siempre me ha dicho que los sueños se hacen realidad!





Deborando caminos, pero también un poco de hielo.

La parranda de celebración.

Cómo explicar que una bebida te habrá puertas que no quieres abrir.

Que recorras laberintos que te dejan en diferentes salas.

Y encontré la sala donde sabía bailar como el mejor, y encontré la sala en la que podía mentir como el más malvado.

¿Cómo saber si era el efecto de los tragos o si esa mujer supo encontrar el camino a la sala del amor?

Yo ya sabía que ella era Libra, y desde que tengo conciencia de los planetas me aprovecho del fuego y de Marte. Aries y Libra. La mezcla perfecta.

De pronto la noche no es tan buena consejera como dicen… quién sabe.

Pedí un vodka y estuvo bien. Luego pedí otro y lo bebí para despertar al día siguiente con muchas historias que contar.

Se llamaba X-treme Bar. Por respeto no puedo decir cómo se llamaba ella. Pero no era extranjera, era peruana, era linda. Ya nos conocíamos. Pero cuando me vió se emocionó y me dijo que me esperaba en El Tambo. X-treme Bar es la rumba de Israel. Pero El Tambo es la rumba latina, en fin, eso ya no importa.
Cuando comenzamos a bailar me di cuenta que su espalda estaba hecha a la medida de mis dedos, que su cuerpo se amoldaba a la fuerza de mi cuerpo, que su olor me hacía querer olvidar que nunca he metido la pata. Pero esa noche casi la iba. No como lo hacen todos, pero para mí es suficiente saber que tiene 19, y que sabía de sus sentimientos hacia mi.

No puedo explicar el movimiento, ese que te lleva y te destroza contra el aire o contra la piel de otra mujer. De qué lugar habrá venido esa energía que me hizo bailar de esa manera… Y aún mejor, cómo explico la canción de Chumbawamba después del beso. Esa bendita canción que para mí es el significado de la buena suerte. Que suena cada mil años y justo estuvo allí. Podría morir.

En la mañana todo era movimiento. Estaba sólo y mi cama se mecía mientras las paredes me devoraban. Yo sólo trataba de cerrar los ojos para no vomitar, para olvidar, para recordar.

Tenía que ocurrir. Tenía que contarlo.

Las fotos de la Historia No.4


Esta es la luna, son las 7 de la noche. Como 7 segundos de exposición.


Aquí estamos mamuertos.

Estas son las ovejitas en el regreso.

Las fotos de la Historia No.3


El amanecer...

Alimentando al burro con algo del mucho pan que nos daban...


Esta es mi favorita...

Aquí les doy la espalda, lo siento...

Las fotos de la Historia No.2


Esta es la luna y un efecto que logré con la exposición de la cámara.



Las fotos de la Historia No.1

El burrito cansado de cargar nuestro desorden.


Aquí estamos de izquierda a derecha: Orna, Sebastian, Nadav, Andrés, Amit, Hagar (Espero que el nombre esté bien escrito), y abajo está Mike y Antonio (que me regaló un libro de Isabel Allende y una moneda chilena, para prepararme para Chile).


Aquí somos más...
En la fila de arriba, de izquierda a derecha: Antonio, Sebastian, Raquel, Amit, Max, Gali, Andrés.
En la fila de abajo, de izquierda a derecha: Edwin, Mike, Hagar, Rotem, Nadav.


Tal vez sólo sea una historia...

Salimos muy temprano, éramos más de trece y entre todos sumábamos más de siete nacionalidades. Como interesante la cosa, porque entre tantas diferencias siempre podemos construir problemas, regalarnos soluciones, cargarnos las cargas y mirarnos escurrir las lágrimas. Veníamos de Israel, Colombia, Francia, Holanda, Inglaterra, España, y Australia.

Y el idioma común: El inglés, que vivan los gringos si es que ellos son los responsables de que haya una lengua común. No importa, que de hablar desde el corazón nos encargamos nosotros.

Quedamos en que “Salimos muy temprano”. Y entonces iniciamos la caminata, al principio muy enérgicos y bromistas, al final ya la sonrisa se nos había congelado con el frío que impulsaba la caída de la noche. Los primeros pasos los habíamos acompañado con agua y fotos divertidas, luego llegó el sol traicionero, atrajo los insectos y espantó todas las nubes. Es el sol de los más de 3.500 metros. Ese mismo que acompañó a Pizarro mientras ordenaba la muerte de Atahualpa.

El primer campamento lo alcanzamos hacia las 5 de la tarde, fuimos llegando graneaditos, porque en el camino solo cabemos de a uno, y porque así también es la selección natural.
En unos minutos el sol traicionero se ocultó, porque los traicioneros siempre se esconden luego del crimen, y entonces nos quedamos congelándonos con un frío espantoso. Pero estábamos contentos, aprendiendo nuestros nombres, organizando nuestra carpa, bebiendo té de coca y esperando la noche. Pero esa noche me enfermé.
Llevaba algunos días estreñido y al fin esa noche mi cuerpo hizo de las suyas.

Es entonces cuando regreso a escribir que el cuento éste del arco iris no es cuento, y que todos tenemos nuestros angelitos que acuden antes de que los necesitemos. Estoy sentado en la carpa comedor y me comienzan unos retorcijones de esos que te ponen la piel de gallina y te hacen sonrojar, entonces me tocó al fin salirme. Pero Orna, la niña de Israel, la que había conocido en Vilcabamba y a la que le había enseñado canciones infantiles en español, se dió cuenta.

Estaba tratando de entrar a oscuras a mi carpa, se me acercó y me preguntó si me sentía bien.
Entonces le conté la historia (con pobre inglés) y ella me entregó un rollo de papel, su linterna de cabeza (de esas que usan los mineros) y me convenció de tomar una pastilla para la fiebre.
Fue como un ángel porque lo cierto es que la letrina que hace de baño es un hueco en el que tienes que tener las manos libres para poder tenerte de las paredes, y ¿Cómo hace uno para tenerse de las paredes de una letrina, sostener una linterna y limpiarse? Ni modos, necesitaba una linterna de cabeza.
Esa noche fué una noche de perros, pero me sentía super contento de haber recibido la ayuda de Orna (que se pronuncia Ogna porque se pronuncia en hebreo). Ella no se fué a dormir hasta que me dejó super empacado en el sleeping, con un saco térmico adicional y una bufanda en el cuello.

Al día siguiente partimos como a las diez porque la marcha no era larga.
Yo estaba un poco débil pero Orna y su amigo, que también es mi amigo, Nadav, no se separaron de mí y no pararon de preguntarme si me sentía mejor (Que grandes amigos son los israelitas, entre ellos son compactos como el hielo pero dejan grietas para que cualquier otro pueda adherirse).

Con el efecto de la pastilla mágica ya no tenía que ir al “baño”, pero iba caminando lento como un chancho. El paisaje se fue poniendo más bonito y las montañas y los lagos fueron apareciendo en una pintura de azules y verdes. Llegamos de últimos al campamento pero durante el camino yo tuve tiempo de recuperarme y de compartir con ellos algunos ositos de gomita y muchas historias. Esa noche el enfermo fué mi compañero de carpa, el holandés gigante, Sebastian, eran 2 metros y 100 kilos de enfermedad. Y era muy gracioso porque yo a su lado parecía como David junto a Goliat. Bueno, el caso es que se enfermó, y esa noche no paró de tiritar. Pobre. Es muy buena gente.

Llegó la mañana y fue increíble encontrar hielo ligero y escarchado sobre las carpas, y ver la luz del sol penetrar en la niebla de las montañas blancas. Fue un bonito despertar, a 4.200 metros de altura, fríos pero muy contentos. Es un aire que te duele respirar por la nariz, entonces respiras por la boca, pero no la puedes abrir mucho porque entonces se te meten adentro los mocos que se te escurren de la nariz, ¡Guácala!, que aquí también dicen ¡Guácala! (Pero no se cómo decir Guácala en inglés).

Ese día sí salimos temprano, porque era el día más fuerte. Caminaríamos por más de 7 horas, que al final terminaron siendo 10 y cruzaríamos por el punto más alto a más de 4.700 metros.
Iniciamos pero ahora era el turno de Orna para la enfermedad, y a ella sí le dió con todo porque lo cierto es que caminaba 20 pasos y tenía que sentarse. Estaba mareada y parecía imposible que pudiera avanzar. Nos rezagamos Nadav, Orna y yo. El guía era un peruanito buena gente y paciente, pero un poco pervertido como varios de los hombres peruanos que he conocido hasta el momento, no paran de hacer comentarios desagradables sobre las mujeres, y como nadie habla español entonces les importa poco.

El caso es que el guía se llamaba Edwin.
Edwin se dió cuenta de que Orna no aguantaba y les tocó descargar un caballo y repartirse las maletas entre los arrieros y los cocineros. Y Orna tuvo que subir sobre el caballo sin silla y aferrarse a su crin para no matarse mientras el animal trepaba sobre rocas y acantilados. Duro. Pero llegó bien a la cumbre. Nosotros con Nadav seguimos subiendo lento pero constante y nos turnábamos la maleta de Orna. Teníamos como 2 horas de retraso.

Mientras subíamos la montaña, la nieve se acercó y los lagos volvieron a aparecer. Entonces todo valía la pena, porque todo vale la pena, o si no, no ocurriría.

En el descenso el guía prometió un recorrido de dos horas. Pero en realidad fueron cuatro.

No sé todavía cuál es esa extraña costumbre o falencia mental en el cálculo del tiempo que tienen los suramericanos. Preguntas una distancia. Si dicen que es 500 metros es por que es más de 1 kilómetro. Y si dicen que son 10 minutos es una hora, y si dicen que son 2 horas es porque no vas a llegar hoy. Pues la historia es que casi no llegamos de día. Pero antes de que se oscureciera se apareció Edwin con 2 caballos de rescate y como una de las niñas de Israel no quiso montar pues yo contento ocupé su puesto. Y vi el atardecer montado en un caballo sobre una planicie de pantanos. Muy chévere. Esa noche, unos minutos después de organizar mis cosas, la luna salió por la montaña y parecía un amanecer. Pero no era el nacimiento de un nuevo día, era el nacimiento de una nueva noche.

Dormí como un becerro, soñé además que mi hermana Mónica tenía un bebé, y cuando uno sueña con bebés significa el nacimiento de nuevas ideas o planes.

Despertamos ese último día y sentía nostalgia. Porque mientras dejamos huellas en el camino, el camino se convierte en un lazo que te ata. Habían sido sólo 3 noches pero parecían 6 noches, habían sido 72 horas pero parecían trescientas. ¿Será por eso que los suramericanos no tienen noción del tiempo? Quiero mucho a ese grupo de gente.

En las mañanas siempre se criticaba el pan duro y congelado con el que podías secar cualquier laguna lanzando sólo unos trozos al agua. Y en las noches había chistes, música, baile y muchas risas. Era como una amabilidad constante de todos. Mentira. Mentira. Mentira. Había un francés que se creía distinto y no se acercaba mucho. Pero allá él.

Salimos a las 8 de la mañana y yo sentía que tenía el alma viva, es como cuando sabes que regresarás a casa y te espera la comida caliente y alguien que se interesa en que le cuentes tus hazañas del día.
De camino fueron saliendo cientos de niños peruanitos a pedir dulces. Yo, como no salgo de viaje sin dulces, y como había estado enfermo, tenía mi maleta cargada de Sparkies, gomitas, chocolates y galletas. Entonces comprendí que el universo me había dado la enfermedad para poder guardar los dulces.

Es increíble la carita de esos niños, me fascina. Me fascina ver sus manitas negritas apretando pepitas de colores sin dejar de sonreír. Luego se acabaron los dulces, y entonces por esa sensibilidad que trae la luna llena me dieron ganas de llorar, porque ellos no están pidiendo dinero, sólo están pidiendo un caramelo. Pero bueno, tal vez solo sean sensibilidades. Tal vez sólo sea esa pobreza que te genera tantas dudas sobre la dirección de tu vida. Tal vez sólo sea esa sensación de que no hay nada que puedas hacer.

Seguimos caminando y como se acabaron los dulces, también se acabaron los niños. Caminamos hasta las 12 de la tarde subiendo una de las más empinadas cuestas que habíamos caminado y llegamos al bus, el tour había terminado.

Este fué el viaje, creo que fué importante para mi, pero tal vez sólo sea una historia.







Aquí estoy, (de izquierda a derecha) con Nadav, Orna y Gali.

¡Huash! Huaraz

Nunca escuché hablar de Huaraz, ni en el colegio recuerdo que me hablaran de la cordillera blanca del Perú, Huaraz no estaba en mis planes.
Pero allá llegué un día a las 6 de la mañana sin saber mucho y con la recomendación de un hostal de nombre Caroline donde me recibieron con un buen desayuno y una invitación a jugar Bingo. Por sólo 10 soles diarios (mas o menos 3 dólares) una familia se encarga de recibir huéspedes a los que tratan como a sus más allegados y los acomodan en más de 7 habitaciones atestadas de camas, desorden y amistosos israelitas (es que es muy difícil encontrar uno que no sea amistoso).
Acomodado y luego de haber pasado la mañana y parte de la tarde bajo un sol urticante jugando Bingo en un colegio de Huaraz, salí en la búsqueda de mis amigos de Israel que había conocido en Vilcabamba (Ecuador). Y los encontré.
Ellos ya tenían programado un viaje de 4 días por una ruta que se llama Santa Cruz y yo sin pensarlo mucho me decidí a acompañarlos, según decían, era uno de los más fáciles y hermosos recorridos. Contrataríamos la carga del equipo, alguien llevaría y armaría las carpas, seríamos asistidos por un cocinero y nosotros sólo debíamos mantenernos en pie. Así quedó arreglado.
Como aún había dos días para partir, decidí ir a las lagunas de Yanganuco el día siguiente. Era un viaje de sólo 2 horas.
Esa mañana apareció en mi habitación Sebastian, un gigante holandés con el que hicimos conexión de inmediato y se animó a acompañarme en su primer día en Suramérica. Fue un recorrido fácil para un premio tan bueno.
Encontramos una laguna entre la montaña, un producto del derretido glacial que se ha vuelto azul, por las algas, por la luz del cielo que se refleja, por la gracia de la naturaleza, y por esas cosas que no puedes explicar, porque… ¿Cómo se explica que justo donde muere el celeste es donde nace la roca?
Y las playas… ¡Que alguien dijo que no son playas!
Pero, ¡qué importa que no lo sean!. Igual caminé sobre ellas y escuché olas estrellarse contra mis pies, igual me sentí en el paraíso. ¡Que importa que no sean playas!. El agua estaba helada, pero se sentía calido en mi corazón achantado y recogido. Estas son las fotos… La historia del recorrido de 4 días está en la siguiente actualización.






01 septiembre, 2006

¡¡ Loros en Trujillo !!

Hoy salí a conocer Huanchaco, el primer lugar que encontré fué un muelle en el que te venden un Nylon y pequeñas conchitas que sirven de carnada. Pagué 3 soles y en 1 hora saqué 3 pececitos. El que aparece en la foto es uno de ellos... ¡¡Muy divertido!!
Sólo que luego te dan otra carnada que son pequeñas cucarachas marinas a las que debes clavarles el anzuelo mientras baten sus patitas... no fuí capaz... tuve que devolver el naylon y la bolsa llena de cucarachas.

Cuando estaba en el muelle un señor se acercó a venderme unos peces hechos por niños de una congregación que se llama Victory Fellowship. Son niños que muchas veces han sido recuperados de las calles o son hijos de personas que están saliendo de problemas con las drogas. No le compré. Pero le pregunté dónde quedaba el lugar y me llevó, en la tarde al sitio de Huanchaco, y en la noche al que queda en Trujillo.

Hicimos una granja de animales en Huanchaco, y loros de colores en Trujillo. Muy enriquecedor como siempre.

Por cierto, me impresiona mucho el culto que hacen en su iglesia, cantan, bailan y la pasan bien, y eso lo hacen todos los días... Creo que es bastante animado tratándose de un culto religioso, me gusta mucho mas que el lúgubre y triste ambiente de las iglesias plagadas de estatuas en sufrimiento. La religión debería ser algo que sea como lo que allí vi. Una Fiesta.

Aquí estoy con los niños de Trujillo...

Aaaa!!! esta es una foto suelta de las ruinas de Chan Chan, la ciudad de barro más grande del mundo...


29 agosto, 2006

Las Primeras Fotos de Perú




¡¡¡En Perú!!!

La frontera


Sembrados de arroz luego de cruzar la frontera...

Al principio el camino es un animal gigante y crees que te va a tragar entero. Cuando salí hace dos meses, pensaba que el trayecto de 2 horas de Bogotá a Melgar era gigante y aburridísimo, ¿o que tal 8 horas hasta Medellín?, ¿o 10 hasta Cali?. Ni hablar de un viaje en auto de Bogotá hasta la costa atlántica. ¿O que tal… en bus? ¿Y que tal si va haciendo paradas en las ciudades principales? Pero ahora un trayecto medianamente interesante no baja de 6 horas, y uno muy interesante está sobre las 12 horas. Ayer salí de Vilcabamba a las siete y media de la mañana, llegué a Loja 1 hora y media después, es decir, a las nueve. A las diez salí en otro bus para Macará, en la frontera. Llegué a las tres. Ahí duré 1 hora cruzando la frontera no sin omitir los comentarios incómodos recibidos en inmigración: “¿A cómo está el kilo en Colombia?”, “Pero… para viajar de esa manera tiene que ser porque tenía un trabajo muy bien pago…” , “¿Y en esa maleta cuántos kilos podrán caber?”. Menos mal que antes de irme mi primo Fernando, odontólogo, me hizo el blanqueamiento de dientes, con ellos pude devorar de una sonrisa el gusano asesino que me bailó en el estómago y que quería salir y tragarse de un bocado a los suboficiales. Luego tomé un taxi-colectivo que en 2 horas y media me dejó en Sullana, ahí tomé un moto taxi que me dejó en el Terminal donde tomé otro bus que a las 12 de la noche me dejó en Chiclayo, ¡¡¡En Peruuú!!! Y es que yo no sé por qué se me metió en la cabeza que tenía que llegar a Chiclayo el mismo día, en la noche me reprendí por ser tan codicioso y querer andar tanto en poco tiempo. Lo bueno es que ésta mañana cuando salí a pasear, tuve mi recompensa… Más abajo están las fotos...


Estas fotos y las demás arriba son en las ruinas de Túcume.




Y las fotos que estaban más arriba...